Sentir que la vagina ha perdido firmeza o que está más relajada de lo habitual es una preocupación que muchas mujeres experimentan, aunque no siempre se hable de ello abiertamente. Esta sensación se conoce como laxitud vaginal y puede estar relacionada con cambios en el suelo pélvico, el embarazo, el parto o la menopausia.
Existen diferentes opciones para mejorar las molestias, desde la fisioterapia del suelo pélvico hasta determinados procedimientos médicos. Sin embargo, el tratamiento más adecuado depende de la causa y de los síntomas de cada mujer.
En esta guía te explicamos por qué puede aparecer la laxitud vaginal, cómo se puede tratar, qué opciones cuentan con mayor respaldo científico.
¿Qué es la flacidez o el aflojamiento vaginal?
La flacidez vaginal (también llamada aflojamiento o laxitud vaginal) es la sensación de «amplitud» o falta de firmeza en la vagina. Se asocia a una pérdida de tono de los músculos del perineo y a una menor elasticidad de los tejidos, con un aumento del diámetro vaginal y un adelgazamiento de sus paredes.
Los síntomas más habituales son:
- menor sensibilidad o fricción durante las relaciones sexuales;
- sensación subjetiva de holgura;
- pérdidas de orina al toser, reír o hacer ejercicio;
- expulsión de aire por la vagina (más frecuente con el movimiento);
- inseguridad e impacto en la vida íntima y la autoconfianza.
Es importante distinguirlo del prolapso de órganos pélvicos (descenso de la vejiga, el útero o el recto), que da sensación de bulto o de peso. Ambos pueden coexistir: en una serie de 384 mujeres con prolapso, el 35 % refería además laxitud vaginal (ICS, 2018). Por eso es imprescindible una exploración médica antes de elegir tratamiento.
Causas del aflojamiento vaginal
La laxitud vaginal puede aparecer por diferentes motivos, y no siempre está relacionada con el parto. Los cambios hormonales, el estado de los músculos del suelo pélvico y el envejecimiento también pueden influir.
Parto vaginal
Durante el parto, los músculos, los nervios y los tejidos del suelo pélvico se estiran para permitir el paso del bebé. En algunos casos, este esfuerzo puede debilitar los tejidos y favorecer la aparición de molestias posteriores. Los partos instrumentales, especialmente con fórceps, y los desgarros graves del periné se asocian con un mayor riesgo de disfunción del suelo pélvico.
Menopausia
La disminución de estrógenos puede provocar cambios en los tejidos vaginales: la mucosa se vuelve más fina, disminuyen la lubricación y la elasticidad, y pueden aparecer sequedad o molestias durante las relaciones sexuales. Estos cambios forman parte del síndrome genitourinario de la menopausia. Aunque pueden afectar a la sensación de confort y firmeza, no siempre significan que exista una laxitud vaginal propiamente dicha.
Envejecimiento y debilidad del suelo pélvico
Con la edad, los músculos y los tejidos de sostén pueden perder parte de su fuerza y elasticidad. La debilidad del suelo pélvico también puede estar relacionada con una sensación de menor firmeza vaginal y, en algunos casos, con problemas como la incontinencia urinaria o el prolapso de los órganos pélvicos.
Otros factores
El sobrepeso, el estreñimiento crónico, la tos persistente y las actividades que aumentan repetidamente la presión abdominal pueden contribuir a debilitar el suelo pélvico. Algunas enfermedades, como la diabetes, y determinados trastornos del tejido conectivo también pueden influir en la salud de estos tejidos.
Tratamientos disponibles: qué dice la evidencia
No existe un tratamiento único. La elección depende del grado de laxitud, de la causa, de la edad, de si deseas tener más hijos y de tus expectativas. Estas son las opciones principales, de menor a mayor invasividad.
1. Reeducación del suelo pélvico y fisioterapia
Es el tratamiento de primera línea, sobre todo en casos leves a moderados. Consiste en ejercicios de contracción (tipo Kegel) guiados por un fisioterapeuta especializado, a veces con biofeedback o electroestimulación.
Un metaanálisis de ensayos aleatorizados en mujeres tras el parto concluyó que este entrenamiento tiene un efecto moderado sobre la incontinencia urinaria y un efecto pequeño-moderado sobre la función del suelo pélvico, con resultados algo mejores cuando es supervisado. Muchos programas duran unas 12 semanas de sesiones semanales y requieren constancia.
Ventajas: pocos efectos secundarios, posibilidad de combinar este método con otros tratamientos y beneficios potenciales para la incontinencia urinaria. Limitaciones: los resultados son progresivos y dependen de la constancia con los ejercicios. Para recibir una atención adaptada a tus necesidades, descubre nuestro servicio de fisioterapia y rehabilitación.
2. Hidratantes y estrógenos vaginales (casos de menopausia)
Si la laxitud se acompaña de sequedad y atrofia, los hidratantes vaginales y los estrógenos locales en dosis bajas son el tratamiento de primera línea del síndrome genitourinario de la menopausia. Mejoran el grosor y la elasticidad del tejido, aunque no sustituyen al ejercicio muscular. Los prescribe un ginecólogo tras valorar tu caso.
3. Láser (CO2, Er:YAG) y radiofrecuencia
Son tratamientos ambulatorios que buscan estimular la producción de colágeno en la mucosa vaginal. Suelen requerir 2 o 3 sesiones separadas por varias semanas, según el protocolo de cada clínica, y permiten volver a la actividad normal casi de inmediato.
Es la opción más promocionada y, a la vez, la que más cautelas exige:
- La FDA advirtió en 2018 de que no ha autorizado ningún dispositivo de energía (láser o radiofrecuencia) para la «rejuvenación vaginal» ni para tratar la laxitud, y de que estos tratamientos pueden causar quemaduras, cicatrices, dolor en las relaciones y dolor crónico.
- Un metaanálisis de 2024 (38 estudios) halló que la radiofrecuencia y el láser mejoraban la función sexual en estudios observacionales, pero no en los ensayos aleatorizados.
- La sociedad AUGS reconoce un perfil de seguridad favorable a corto plazo, pero señala que faltan datos a largo plazo y reclama un consentimiento informado específico.
En otras palabras: puede ofrecer una mejora en algunas pacientes, pero la evidencia aún no es concluyente. Pregunta siempre a tu médico qué tecnología usa, con qué datos clínicos la respalda y qué complicaciones ha tratado.
4. Vaginoplastia quirúrgica (vaginoplastia y perineoplastia)
Es la intervención que reconstruye y refuerza los músculos del suelo pélvico y estrecha el canal vaginal, con puntos internos. Se realiza en quirófano, con anestesia general o regional, y está indicada sobre todo en laxitud marcada o cuando hay una disfunción sexual importante. A menudo se combina con una perineoplastia o con la corrección de un prolapso.
Como toda cirugía, tiene riesgos (infección, sangrado, cambios de sensibilidad, dolor en las relaciones) que dependen de la técnica y de la experiencia del cirujano. Como orientación, la recuperación inicial dura entre 4 y 6 semanas, y suele recomendarse la abstinencia sexual durante 6 a 8 semanas; tu cirujano te dará las pautas exactas. Si planeas un embarazo, coméntalo antes: hay que valorar cómo afecta la técnica a un futuro parto.
Evaluación previa y requisitos
Antes de cualquier tratamiento, el médico realiza una exploración del suelo pélvico, valora el grado de laxitud, la fuerza muscular y la presencia de incontinencia o prolapso, y puede pedir pruebas complementarias. Las candidatas ideales gozan de buena salud general, no tienen infecciones vaginales activas ni antecedentes de cicatrización patológica, y tienen expectativas realistas. Si deseas tener hijos, díselo al especialista: puede influir en la elección y en el momento del tratamiento.
Recuperación y seguimiento
El tiempo de recuperación y las recomendaciones varían según el tratamiento elegido y las características de cada paciente.
- Fisioterapia: no requiere recuperación; los ejercicios se integran en la rutina diaria.
- Láser: la mayoría de las pacientes retoma su actividad al día siguiente. Suele indicarse evitar baños de inmersión y relaciones durante unos días, según la clínica.
- Vaginoplastia: reposo relativo las primeras semanas, sin esfuerzos ni actividad que aumente la presión abdominal, revisiones programadas y retorno gradual al ejercicio. La sensibilidad puede cambiar de forma temporal.
Si después del tratamiento notas dolor intenso, fiebre, sangrado abundante o secreción con mal olor, contacta con tu equipo médico de inmediato.
Da el siguiente paso con una opinión médica
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Este contenido es informativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario.
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