Maloclusión dental: ¿podría ser el chupete la causa?

Maloclusión dental: ¿podría ser el chupete la causa?

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Muchos padres notan que los dientes de sus hijos no encajan bien, que la mandíbula inferior sobresale o que los dientes frontales están mal alineados. En la mayoría de los casos, se trata de una maloclusión dental, uno de los problemas bucodentales más comunes en el mundo.

Según la World Health Organization, las maloclusiones son de los problemas dentales más frecuentes después de la caries y las enfermedades de las encías. Afectan a una gran parte de los niños en edad escolar, aunque no siempre requieren tratamiento.

Detectarlas y tratarlas a tiempo, especialmente en la infancia, puede evitar complicaciones en la edad adulta.

En este artículo veremos qué es la maloclusión dental, por qué aparece, qué relación tiene con el uso del chupete y cuáles son los tratamientos disponibles hoy en día.

¿Qué es la maloclusión dental?

La maloclusión dental es una alteración en el cierre o engranaje de las arcadas dentarias, es decir, en la forma en que los dientes superiores e inferiores contactan entre sí al cerrar la boca. En condiciones normales, los dientes superiores deben superponerse levemente sobre los inferiores, y las cúspides (los bordes masticadores) deben encajar como piezas de un puzle.

Cuando este encaje falla, hablamos de maloclusión. Esta puede manifestarse en distintos planos:

  • Anteroposterior (de delante a atrás): incluye la clase II, conocida popularmente como "dientes de conejo", y la clase III, o "mordida inferior".
  • Vertical: como la mordida abierta, en la que los dientes frontales no llegan a contactar, o la sobremordida profunda, donde los superiores cubren en exceso a los inferiores.
  • Transversal: como la mordida cruzada, en la que algunos dientes superiores quedan por dentro de los inferiores.

La clasificación más utilizada internacionalmente es la de Edward Angle (1899), que sigue siendo una referencia clínica fundamental.

¿Qué causa la maloclusión dental?

Las causas de la maloclusión son variadas y, con frecuencia, se combinan entre sí.

Factores hereditarios

En una proporción significativa de los casos, la maloclusión tiene una base genética. La herencia determina en gran medida el tamaño y la forma de los maxilares, así como el número y la posición de los dientes. Un niño cuyos padres presentan una clase III (prognatismo mandibular) tiene una mayor probabilidad de heredar esa misma estructura ósea. En estos casos, la intervención no puede prevenir la causa, pero sí mitigar sus consecuencias.

Factores ambientales y hábitos de succión

Más allá de la genética, existen factores externos que pueden influir decisivamente en el desarrollo de la oclusión, sobre todo durante los primeros años de vida, cuando los huesos del paladar todavía están en plena formación.

Entre los hábitos más estudiados por la literatura científica destacan:

  • El uso prolongado del chupete y el biberón
  • La succión digital (chuparse el dedo pulgar)
  • La respiración oral crónica, generalmente secundaria a alergias o hipertrofia de adenoides
  • La deglución atípica (patrón de tragar con la lengua empujando los dientes hacia delante)
  • El bruxismo (apretamiento o rechinar de dientes por la noche)

Otras causas

También pueden contribuir al desarrollo de una maloclusión:

  • La pérdida prematura de dientes de leche (por caries o traumatismos), que altera la guía de erupción de los dientes definitivos
  • Las fracturas mandibulares no tratadas correctamente en la infancia
  • Los tumores o quistes maxilofaciales
  • Los procedimientos dentales fallidos o mal planificados (implantes, puentes)

El chupete y la maloclusión: ¿cuándo se convierte en un problema?

El chupete tiene un papel reconocido en el desarrollo del bebé: satisface el instinto de succión no nutritiva, reduce el riesgo de muerte súbita del lactante (según la Academia Americana de Pediatría) y puede ayudar a calmar al niño en los primeros meses de vida. Ninguna guía clínica ortodoncia desaconseja su uso en lactantes.

El problema surge cuando el hábito se prolonga más allá de los dos o tres años de edad. En ese período, los dientes de leche ya han completado su erupción y el paladar es especialmente moldeable. La presencia constante del chupete puede interferir en tres áreas clave:

  1. La anchura del paladar La lengua ejerce de forma natural una presión lateral sobre el paladar que favorece su expansión transversal. Cuando el chupete ocupa ese espacio, impide este movimiento fisiológico, lo que puede derivar en un paladar ojival (estrecho y con forma de arco pronunciado) y en una mordida cruzada posterior.
  2. La posición de los incisivos superiores La succión prolongada puede inclinar los dientes frontales superiores hacia fuera (protrusión) y los inferiores hacia dentro, acentuando el resalte horizontal (overjet) y la sensación de "dientes prominentes".
  3. El desarrollo de la mordida abierta anterior Cuando el chupete se sitúa entre las arcadas durante horas, los dientes frontales no pueden erupcionar completamente. El resultado es una mordida abierta: al cerrar la boca, los dientes delanteros no llegan a contactar y queda un espacio visible por el que el niño puede introducir la lengua.

¿A qué edad debe retirarse el chupete?

La Academia Española de Pediatría (AEP) y la Sociedad Española de Ortodoncia y Ortopedia Dentofacial (SEOQ) recomiendan retirar el chupete de forma progresiva entre los 18 y los 24 meses como medida preventiva. La buena noticia es que, si el hábito se abandona antes de los tres años, las alteraciones producidas suelen corregirse espontáneamente con el crecimiento, sin necesidad de tratamiento activo.

A partir de los tres años, sin embargo, la capacidad de autorregeneración disminuye y la intervención del ortodoncista se vuelve necesaria para orientar el tratamiento más adecuado.

Consecuencias de no tratar una maloclusión a tiempo

Una maloclusión no corregida no es solo un problema estético. Con el tiempo, puede generar una cadena de consecuencias que afectan la salud general del paciente:

En la boca y los dientes

  • Mayor acúmulo de placa bacteriana en zonas de difícil acceso, con el consiguiente riesgo de caries
  • Enfermedad periodontal (periodontitis), por la distribución irregular de las fuerzas masticatorias
  • Desgaste prematuro del esmalte dental
  • Dificultad para masticar y triturar bien los alimentos

A nivel sistémico

  • Disfunción de la articulación temporomandibular (ATM), que puede manifestarse como dolor de oído, zumbidos (tinnitus), cefaleas tensionales y cervicalgias
  • Problemas posturales: la posición mandibular influye en la cadena muscular cervical y dorsal, por lo que una maloclusión severa puede asociarse con dolores de espalda y alteraciones posturales
  • Trastornos del sueño, en algunos casos relacionados con la obstrucción de la vía aérea superior

Conviene subrayar que estas consecuencias no aparecen en todos los pacientes ni con la misma intensidad. La gravedad de la maloclusión, la predisposición individual y los hábitos de higiene bucodental son factores determinantes.

Opciones de tratamiento para la maloclusión dental

El enfoque terapéutico varía según la edad del paciente, el tipo y la gravedad de la maloclusión.

Tratamiento en la infancia (fase ortopédica, 6-12 años)

Durante la dentición mixta, cuando conviven dientes de leche y definitivos, el ortodoncista puede actuar sobre el crecimiento óseo con aparatos ortopédicos. En esta etapa es posible ampliar el paladar, corregir mordidas cruzadas y mejorar la relación entre los maxilares con una intervención menos invasiva y más eficaz que en la edad adulta.

Los aparatos más utilizados en esta fase incluyen el expansor palatino de Hyrax, el regulador de función de Fränkel, el bionator y la máscara facial (para estimular el crecimiento del maxilar superior en casos de clase III esquelética).

Tratamiento en la adolescencia y la edad adulta (fase ortodóncica)

Una vez completada la erupción de los dientes definitivos (generalmente entre los 12 y los 14 años), el ortodoncista puede actuar sobre la posición de los dientes con aparatos de ortodoncia fija o removible.

Las principales opciones son:

  • Brackets metálicos o de cerámica: el tratamiento ortodóncico clásico, eficaz para la mayoría de las maloclusiones.
  • Alineadores transparentes (como Invisalign®): una alternativa estética cada vez más demandada, especialmente por adultos, adecuada para maloclusiones de moderada complejidad.
  • Cirugía ortognática: en casos de discrepancias óseas severas que no pueden corregirse solo con ortodoncia, la cirugía de los maxilares permite reposicionar el esqueleto facial. Suele combinarse con un tratamiento ortodóncico previo y posterior.

¿Cuándo consultar a un especialista?

La Sociedad Española de Ortodoncia recomienda realizar una primera revisión ortodóncica entre los 6 y 7 años de edad, cuando comienzan a aparecer los primeros dientes permanentes. Esta evaluación temprana permite detectar posibles alteraciones en el crecimiento de los maxilares o en la alineación dental y determinar si es necesario un seguimiento o tratamiento específico en el futuro.

En la edad adulta, la ortodoncia también puede ser una opción eficaz. Aunque el tratamiento se adapta a las características de cada paciente, es posible corregir numerosos problemas de alineación y mordida, mejorando tanto la función como la estética de la sonrisa.



Taqwa Mansouri Este artículo fue redactado por - Taqwa M.

"Periodista médica especializada en divulgación científica, pongo mi experiencia al servicio de una información clara y accesible. Para Turquie Santé, diseño contenidos basados en datos médicos actualizados, en colaboración con especialistas de las clínicas asociadas. Mi compromiso es transmitir una información fiable, transparente y conforme a los estándares médicos internacionales."

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